Podemos construirle

Podemos construirle (We can build you) es una novela poco conocida del gran autor de ciencia ficción Philip K Dick.

En ella, un par de empresarios de un negocio de fabricación de instrumentos musicales se pasan al negocio de los simulacros, lo que para Dick eran robots de su tiempo. Aunque sería mejor dicho que inventan los primeros robots. Estos simulacros funcionan con cintas donde tienen almacenadas su programación que les permite moverse, hablar y simular inteligencia y emociones. La idea inicial de la empresa es usar esos simulacros para construir un parque de atracciones y recrear la guerra civil estadounidense. Por eso sus primeros prototipos son el presidente Abraham Lincoln y Edwin M Stanton. Una idea multimillonaria, por eso no tardan los buitres a ver qué se puede rapiñar.

Fotografía de Omduart.

Como le ocurre a cualquier escritor, el proceso de terminar una novela suele dilatarse en el tiempo y a menudo hay algunas partes que se nota eso, se nota un cambio del sentir y pensar del escritor. En esta novela que por un lado parecía centrarse en una trama de política empresarial, innovación tecnológica y los retos que supone todo esto y de repente se tuerce y deriva hacía otro lado que no parecía ser el transcurso natural… lo cual no es malo.

Estaba yo leyendo y disfrutando muchísimo de ver como Stanton se presentaba sin compañía humana ante el presidente de una empresa rival solo para demostrarle el enorme potencial de su existencia cuando de repente lo que importa es una enfermedad que sale de la nada… y un enamoramiento con una jovencita Pris…
Recuerdo sentirme casi traicionado por Dick, pues yo estaba muy feliz disfrutando de esa historia de ciencia ficción cuando se convirtió en un extraño romance y trama psicológica… recuerdo googlear para leer otras experiencias lectoras y encontrarme con opiniones así: Philip cuando escribió esta novela estaba divorciándose, pasando por una época especialmente marcada por la paranoia y el abuso de alcohol y todo ello tuvo que afectarle irremediablemente en la escritura de su novela. Es posible que fuera así. Pero ahora, bastantes años después, me da por pensar que quizá pudiera tener un sentido más vital. Porque la vida se tuerce a mitad de algo siempre. Del mismo modo que apareció el covid y se crearon unas duras medidas para combatirlo que rompió miles de planes, a Dick la vida le rompió la novela y decidió que estaba bien así, que debía quedar constancia de ello y remarcar que incluso un invento tan fascinante como los simulacros podía quedar desheredado y convertirse en realidad en una forma de explorar el género humano, de reconocerse a sí mismo con sus miserias y defectos que nos lleva a cagarla una y otra vez, aprendiendo o no de ello, avanzando o no, viviendo en Maya o viendo la realidad más cruda, sin velo en los ojos.

Podemos construirle en una novela psicológica y casi de autoconocimiento metida en una atmósfera de ciencia ficción muy bonita y muy estadounidense y yo la recomiendo.

Probablemente no sea de las mejores novelas de Dick, pero sin embargo tiene un encanto especial al tener, a mi parecer, las barreras emocionales bajadas, imprimiendo sinceridad…

Por último quiero contar una pequeña anécdota personal. Y es que este libro me lo regaló mi maestro de escritura creativa, Ricard De la Casa, a quien tengo en gran estima por todo lo que me enseñó y su carácter cariñoso y amable. Un buen escritor de nacionalidad española pero residencia andorrana sin ser un youtuber evasor de impuestos, pues es profesor de escritura creativa y de fotografía, escritor, fotógrafo y tertuliano literario de radio. Él me regaló este libro junto al consejo que jamás empiece a leer a un autor reconocido por sus libros más reconocidos. Yo le había pedido la novela: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? y lo tenía, y me lo mostró y me dijo que me lo compre cuando haya leído Fluyan mis lágrimas, dijo el policía, también de Philip K.Dick. Así que le pedí éste, podemos contruirle de su biblioteca gigante. Recuerdo que me contó que no era una gran novela, pero que podría servirme para aprender acerca del proceso de escritura de un proyecto grande como es una novela, la dificultad de mantener el mismo tono y camino a pesar de todos los engaños y vueltas que se pueden dar a voluntad del demiurgo que es el autor. No vale perderse uno mismo, me decía Ricard, hay que saber hacia donde vas y ir por delante del lector siempre, sin perderse ni dejar el lector demasiado atrás y manteniendo la distancia con él.

Podemos construirle

Escritores, almas viejas

Hoy soñé que era uno de mis personajes. Uno de los más tristes de todos… Eso me hizo pensar que tal vez lo fuera. Puede que mis más sentidos personajes fueran yo en otras vidas. Puede que las experiencias vividas con gran intensidad transgredan con nuestra alma a un nuevo cuerpo.

Almas viejas son aquellas que han repetido el ciclo Samsara muchas veces, desde hace mucho tiempo. Tantas vidas pesan mucho. De ahí que en alguna puedas querer o necesitar ser escritor. Vaciar tu alma de tanto peso impregnando esas experiencias en historias escritas en papel. Puede que así nazcan las más conmovedoras, después de todo, lo que más nos impacta es nuestras propias vidas, nuestro propio sufrimiento, nuestros propios mundos autistas que conseguimos aparentar reales.

Escritores, almas viejas

Lo visceral

LoVisceral

Mi consciente es un envidioso… Dice que si tuviera el tamaño del in- dominaría el mundo.
In- le da igual, sus pretensiones están a otro nivel muy muy lejano.
Estructurando mi mente como industrialista mejorando su cadena productiva. Hablando con mi in-consciente, como pidiendo consejo a un sabio infante, de aquellos que te recomiendan hacer una carrera hasta el parque y, una vez allí, vemos que hacemos.

Prometo una mejora constante, un crecimiento áureo, espiral hermosa hacia el cielo. Me prometo ofrecer al lector, a la lectora, obras que la hagan vibrar como cuerdas de guitarra, como el sonido de un hang. No me gustan las promesas, siempre se basan en una acción futura y el futuro es incierto, incluso para quién sabe adivinarlo es incierto. Aun así prometer algo que se quiere hacer con toda el alma y corazón no duele, no hay riesgo.

Estimadetes de cor a cor

Lo visceral

Nada que perder

NadaQuePerder

Apropiado para los tiempo que corren y los que corrieron y los que correrán.

Dejando de lado la política y la sociedad en general, esta frase sirve bien a un nivel individual para lograr mas libertad y valentía ante la vida.

Ej; No hay nada que perder respecto a hablar, a decir lo que sea a alguien desconocido siempre y cuando se vaya con la bandera blanca de la paz en la mano, claro.

 

Nada que perder

Barba de náufrago, corazón de rubik

Me afeité la barba de náufrago en la bañera. Soltaba los pelos de la maquinilla en el potente chorro que llenaba el recipiente. Algunas gotas de sangre tintaban el agua. Aunque no se notase si se olía. Un ligero y de extraña pesadez metalizada en el agua. Metí la cabeza debajo de la pequeña cascada de agua caliente. El agua me bajaba por la cara y escocían un poco los cortes. Me enjaboné el cabello y cambié la salida del agua por la común para ducharme. Me levanté para sentir cada rayo de agua. Que calidez purgadora desprenderse de la roña junto la negatividad…

Se me empezó a pelar la piel que tapiza el corazón. Volví al modo baño. Con cada movimiento que hacía se oleaba el agua que volvía tras chocar contra el extremo de la bañera. Con cada vuelta me rasgaba más y más hasta dejar al descubierto mi centro cardiovascular.

¡Qué chulo rompe-cabezas! De tanto romperse dejó de sellarse en su forma original. Las piezas se perfeccionaron hasta poderse armar de mil maneras. Parecido a un cubo de rubik, con agujeros y ni una sola pieza completamente cuadrada; todas se habían erosionado teniendo siempre al menos un lado redondo. Que pasada ver como circulaba por el agua las vibraciones de mi corazón… Como tirar una piedra el río. Observándolo con atención vislumbré su centro. Una brillante esfera, mi sol que unifica cada pieza…

 

Barba de náufrago, corazón de rubik

Zen en el arte de escribir

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La trama no debería ser nada más que las pisadas en la nieve que dejan los protagonistas tras su paso por lugares increíbles. El deseo humano suelto, a la carrera, que alcanza una meta. No puede ser mecánica, solo puede ser dinámica.

De modo que apártense, olviden los objetivos y dejen hacer a los personajes, a sus dedos, su cuerpo.

No necesitan el zen para solucionar sus problemas. Como todas las filosofías, el zen no hizo sino seguir las huellas de personas que aprendieron por instinto lo que era bueno para ellos.

La sentencia: «Sabio es el padre que conoce a su hijo» debería parafrasearse en «Sabio es el escritor que conoce su inconsciente», no solo lo conoce sino que lo deja hablar, describir el mundo tal y como él lo conoce, como verdad propia.

Mi método.  Trabajo->Relajación->No pensar

Creo que encontrarían fácilmente un nuevo sinónimo de trabajo.
Es la palabra amor.

Final no textual de «Zen el arte de escribir-Ray Bradbury»

Hermosas y valiosas como el oro son las lecciones de este libro. Recomendable 100 % a cualquier persona que disfrute del arte de escribir.

Mi pequeña reflexión es que como todo, en la escritura requiere amarla, relajarse, sentir estar apartado del reloj, sentir esa enorme emoción placentera de hacer que pretendías sin pensar en el futuro. El zen entra en la parte de sentir la paz que transmite el arte reflexivo y el impulsivo que hay en la escritura.

Mi final perfecto terminar con el sinónimo del trabajo: AMOR.

 

 

Zen en el arte de escribir