La importancia de hacer la cama

La importancia de hacer BIEN la cama es un relato de Daniel Hermosel Murcia, publicado por Niña Loba editorial en su colección de relatos independientes semanales en la plataforma Lektu.

Hacer bien la cama, como la madre de Alicia le exigía, generó en ella un sutil programa mental, un pequeño y vírico recurso que se acomodaba en una rutina con forma de jaula.

Que elegantemente se puede criticar un sistema industrial, con sutilezas y saber hacer, con poesía y encanto. Así es como se presenta esta historia.

Al principio, se podría pensar que se trata de un manual de como hacer BIEN la cama, pero no tarda tanto en mostrarnos a un personaje atrapado y consumiéndose en una prisión en la que muchos nos hemos metido alguna vez (sino es que estamos ahí y lo llamamos nuestras vidas).

Esa sensación de convertirse en una herramienta, en parte del engranaje que mueve el gran monstruo, o como dijeron Pink Floyd, un ladrillo más en el muro.

Cuando todos los días son iguales, no hay forma de saber qué momento corresponde a qué jornada, pero da lo mismo. Cuando son iguales los recuerdos de uno u otro, ¿a quién le importa?

Como muchos otros relatos de Daniel, en la importancia de hacer la cama, se puede escuchar una musicalidad de fondo que acompaña el relato. En este caso (el mío), yo escuchaba una melodía deprimiéndose en un blues, envejeciendo Alicia, oliendo a fruta y ropa sudada, buscando en sus recuerdos momentos de libertad…

No quisiera hablar de más, sencillamente decir que se trata de una historia sutil, hermosa y triste, elegante y con una sonoridad increíble. Recomendaría leerla y hacerlo en voz alta, con un ritmo pausado, saboreando las palabras y dejando espacio para pensarlas.

Una vez más, Niña Loba toma otra buena decisión y hace un excelente trabajo publicando otro buen relato.

Y por si aún no os convencí, mañana en la mierda postmoderna, en el canal de YT de Daniel, presentamos su relato, no os lo perdáis! Aquí está:

Lo que yo me caí casi la mitad del programa. Cosas del directo y mi conexión de cueva.

¡Me lo lean!

La importancia de hacer la cama

Un poquito sobre La surfera de Higuer

Estuve reticente en escribir esta entrada, pues es como una reseña a mi propio relato… lo cual queda feo… pero me decidí cuando leí la entrada que escribió: José Andrés, sobre su relato Salado también publicado en la colección de niña loba (y reseñado por mi, jiji), José añadió un montón de información sobre todo lo que envuelve a Salado y después de leerlo me dio como un gusto extra al recuerdo de la lectura del relato; mola. Me parece que puede quedar bonito y ser divulgativo sin caer en el spam excesivo ni pesado ¿no? probaremos.

La surfera de Higuer, embrionada:

El relato nació en una semana de verano en la que yo moría de nostalgia. Soy nostálgico ya de personalidad, pues además regresaba de casa de mis padres después de una larga temporada de viaje. Fui a la playa con amigos y amigas con los que me crie por la noche, algo que algunos años atrás nos gustaba mucho y quisimos revivirlo. Lo bueno de esa experiencia es la tranquilidad que suele haber y el gusto de bañarse desnudos sin ningún tipo de pudor ni incomodidad por la penumbra y la confianza. Y ahí estábamos ya secándonos en la orilla y fumando un poco… ahí nació la idea inicial, que como siempre mutó bastante antes de llegar delante del portátil para transcribirlo. Ahí, mirando el mar en la penumbra, con un oleaje suavísimo y el agua aún caliente de todo un día de sol.

La anécdota del D20:

Esta es una historia divertida de aquellas que solo ocurre cuando te juntas con peña interesante que por su forma de vivir siempre se apuntan a un bombardeo, a una aventura. Así fue como partiendo del programa la mierda postmoderna donde presentamos La surfera con Daniel Turambar y Darío Méndez, editor de Niña Loba, Raúl Sánchez me propuso tirar un dado D20 en la web Roll20 para decidir cuantos euros pondrá para comprar mi relato que está a precio libre. Eso fue lo que pasó:

Reseña en vídeo Daniel Turambar:

De qué trata La surfera de Higuer, subtexto/autolectura

Esto es lo típico que no recomiendan que cuentes, pues no se explica lo que uno escribe… pero eso no es una explicación, sino mi lectura propia de la Surfera.

El objetivo que me propuse fue imprimir de la forma más sencilla posible el sentir de la nostalgia. Una historia que cualquier persona pudiera leer, comprender, disfrutar independientemente de su edad, cultura, experiencias y lo que sea que nos divida, excepto la lengua, claro…
Pero por mi gusto por la metáfora y el simbolismo diré:

Que la surfera es el espíritu aventurero imbatible, superviviente y curioso de las personas.

El pescador es el recuerdo, el pasado que da perspectiva al presente.

El mar es el ritmo vital, que nos lleva y manda, nos da y nos quita.

El barco del pescador son las costumbres que se arraigan fuerte hasta convertirse en tradiciones de las cuales no se recuerdan sus inicios.

Y la historia, el relato, es la propia vida, construyéndose infinitamente en esa amalgama de subjetividades y sentidos, confusiones y placeres y dolores.

Presentación en la Mierda postmoderna

Y eso es todo por ahora, espero que os haya gustado y que os animéis a leerlo, La surfera de Higuer, a precio LIBRE en Lektu.

Un poquito sobre La surfera de Higuer

El último cuento

Reseña del relato El ultimo cuento de Yordanka Almaguer.

Estoy muy emocionado. En pocas páginas, Yordanka consigue hacerte reír, pensar, rabiar y además logra algo muy especial y bello que es «aquello», el afer poético, eso que solo es descriptible a través de hablar sobre otra cosa y lograr transmitir esa emoción…

El último cuento cuenta como una escritora recibe el devuelto de su relato enviado a concurso en España. Esa devolución es debida a que en las aduanas cubanas consideraron peligroso el cuento de la escritora para su país. Con esa premisa, el relato transcurre entre los pensamientos y descripciones que vive la escritora, el cuento prohibido y la carta redactada de los agentes decomisadores.

Framboyán, uno de los árboles más coloridos del mundo.

Yordanka tiene una capacidad muy hermosa de mantener el flujo entre las diferentes capas del relato que te invita a la reflexión durante la misma lectura. Algo que me ocurre poco a menudo y que adoro que me provoquen.
Me a fascinado la sutileza de Almaguer para hablar del amor, del poder, de la censura y del ser humano en definitiva, tal y como lo haría una poeta… con flores rojas cayendo a mitad de una pelea.

¿qué es lo que piensan los que fabrican las llamadas Resoluciones? Redactar una Resolución necesita de cierta destreza en el lenguaje. Pero, además, debe tener muy claro cuáles son las palabras que pueden dañar a una Nación.

Hay que leer a Yordanka Almaguer. Hay que leer a las autoras y a los autores de Niña Loba, la verdad es que por ahora no hay decepción posible. Hay poesía y corazón y alma y hasta técnica que suele decaer cuando los otros elementos están muy presentes… la verdad es que hay Equilibrio! en la literatura de Niña Loba. Hermosísimo relato recomendadísimo.

El último cuento

El món segons Pla (relato en español)

Una entrevista imposible, esa es la que quisiera hacer hoy. Albert Pla y su abrazo al arte, tan tierno como fumar opio cómodamente tumbado en una cama. Lograr sacarle respuestas a Albert Pla es un acto heroico y exigente por su parte; él habla si quiere, si le caes bien, si te respeta, si le da el viento en una parte acalorada de su delgado y estético esquizofrénico cuerpo.

Así fue cómo pasó:

Me encontraba perdido. Yo, Diego María Botas Recio. Un mayormente humilde periodista musical. Así me suelo presentar, sin embargo y para mi vergüenza suelo ser: Diego, el yonkie ese mierda que rehuye sus deudas como un perro ladrón de su amo. O, una presentación más amable: el señor Botas, suele escribir mal, pero en un buen día, con la banda adecuada, te hace un entrevista publicable.
Así que perdido, después de un muy buen concierto, no tan memorable por sus formas y no por carencia alguna de calidad, de Los planetas o como la gente los conoce, nuestros queridos planetas…
Fui a mear, eso lo recuerdo. Se me cayó el… una cosa del bolsillo y me agaché a recogerlo pero no lo encontraba. Seguí el rastro de eso que se había roto un poco y perdía sustancia… lo encontré al fin, en la mano de un hombre que vestía con una andrajosa túnica marrón que no llevaría ni mi bisabuela la del campo. Y sí, lo creáis o no, la mano que sujetaba mi piedrita blanca era nada más ni nada menos que el hijo puta de Albert Pla.

Hombre Albert, le dije, tú por aquí, pensaba que con la familia ya no te liabas a ir a ver a otras bandas. Después de observar una oruga deslizarse por una hoja de roble, Albert me miró y me dijo, si, no salgo mucho del cau. Dijo, soy un hombre de familia. ¿Tú no eres Tito, no? me preguntó pero parecía hablarle a alguien detrás de mi. Me giré y comprobé que no había nadie, menos mal que ya bajó los efectos del concierto. No, yo soy Diego, te he visto en concierto decenas de veces, eres muy bueno, llevo tiempo queriendo hacerte una entrevista pero eres muy escurridizo.
Ahora tengo un rato, tío, aprovecha mientras me lio un cigarrito.
Esas son la clase de oportunidades que el señor Diego Botas Recio no deja escapar. Ahí voy entonces!

¿Qué me puedes contar sobre tu último libro, España de mierda? A mi me gustó bastante, podría ser mi vida, o la tuya o la de Julián de los siniestro total… o la de…
Si exacto, la de cualquier rockero español que se estime, eso quise escribir, una historia del rock en España, nuestra muy odiada España hecha un cristo… Sabes, la gente se levanta por la mañana y se pregunta que dirán en las noticias hoy. Yo, que no tengo ni televisión, me pregunto si habrá España hoy… me da que estamos a cada minuto a punto de estallar en e caos y la destrucción…

Está claro que nos odiamos mucho entre nosotros y solo nos vemos las diferencias para sacarnos los ojos…
Si, eso es. A mi me gusta la diferencia, como la que hay entre el bien y el mal o de ser así, o de ser catalán. ¿Tienes un filtro?

Pues no, pero toma un cartoncillo. Oye por cierto, esa piedra…
Ah claro, toma, ahora solo tomo caramelos, ya se lo dije a Broncano.

Gracias. ¿Sigue yendo a mover tu esqueleto que tan bien has cuidado siempre de él?
¡Claro!

¿Cómo están tus hijos? ¿Los llevas al colegio?
Después de un encenderse el cigarrito y pipar cinco veces tranquilamente me respondió:
Si, soy un gran padre. Los traigo a l’escola del somiatruites.

Una vez di gracias a Dios por permitir que artistas como tú les vaya bien y puedan seguir dándole emoción al mundillo de la música… Si todos fueran súper vendas a mi solo me quedaría el vicio…
Dímelo a mi. Si no fuera porque me dieron una oportunidad y de casualidad, la supe aprovechar, no me preguntes cómo, seguiría trabajando en el mercado y fumando porros todo el día, que por cierto, le compraba el chocolate a Estopa. Me encanta cantar.

Dime la verdad, ¿Jamás mataste a alguien?
No, jamás, ni tampoco me cubrí el cuerpo con purpurina, rosa, ni me subí a un campanario a gritar a esos hijos de la gran puta que me están jodiendo la existencia… Te lo juro Tito. El camino más salvaje no siempre implica muerte y drogas y rock and roll… mi camino me lo paso jugando por la calle, bailando a veces y cantando tanto como puedo.

Por último, Albert ¿a qué tienes miedo?
En mi obra de teatro musical lo explico muy bien… he escrito canciones bonitas que he aprendido a cantar y ahí están, volando por ahí. Bien, amigo, tengo que irme a columpiarme un rato antes de ir a hacerles la comida a mis hijitos.

Albert agitó la mano efusivamente para despedirme y me sonrió como un niño feliz e inocente… me di cuenta que se llevó la colilla del cigarrillo…
Está loco, pero también es adorable y lo queremos…

Notas con cariño:
Esto es un pequeño homenaje a un gran artista que adoro y admiro y quién le debo mucha inspiración y buenos ratos… Albert Pla es único y ojalá nos dure muchos años más creando desde lo profundo de su corazón inocente y puro y su mente retorcida y bizarra. PD: Pronto la reseña de su libro, España de mierda, que ya leí hace unos meses pero no encontré el momento de reseñarla.
Gracias a todas y todos mis queridos lectores por seguir ahí un año más, leyendo cosas poco comunes como las que intento compartir. Un abrazo sincero.

El món segons Pla (relato en español)

Fran, prisas rutinas y estrés

Relato corto reescrito con la calidad literaria actualmente alcanzada (5 nov 2018).
Aprovechando la reescritura, decidí darle voz como ya acostumbro. Me envalentoné un poco, y le puse música e incluso efectos que yo mismo grabé y edité. Disfruten del experimento.

 

Fran salió de casa como hace siempre a las 9.30 de la mañana tras medio café. Hoy durmió cinco minutos más de lo que tiene previsto, por lo que tuvo que compensarlo tomando el café en cinco minutos en lugar de los diez asignados para dicha acción. Cuando cerró la puerta tras él sonó su teléfono móvil. Lo oía raro, como si estuviera lejos, cosa imposible porque siempre se guarda el teléfono en el bolsillo superior de su chaqueta. Alcanzó con su mano el bolsillo y sintió el horror de no tener su más básica herramienta. Alguna clase de mal le oprimió el estómago y éste los pulmones, provocando un instante de ahogo. Tras una violenta bocanada de aire Fran se dispuso a pensar.
La canción caribeña seguía sonando y Fran dedujo que venía de su casa. Se puso la mano al bolsillo izquierdo del pantalón para sacar las llaves que siempre dejaba allí. El corazón de Fran se aceleró como un tren de largas distancias al no sentir sus llaves en su sitio. La sangre de Fran circulaba tan rápido que toda su piel enrojeció. Unos leves tembleques le quitaron buen pulso a sus manos.
Examinando la situación, Fran vio el móvil y las llaves al lado de su media taza de café, a través del a ventana en la parte superior de la puerta.

¿El no terminar el café me descolocó? Se preguntaba, apretando con todas sus fuerzas la mano derecha. De un salto y un decidido puñetazo rompió el vidrio. El golpe le recreó un futuro próximo en la cabeza. Sintió recibir el puñetazo de su jefe en toda la cara por haber llegado tarde por primera vez en diez años. Algo imperdonable, inimaginable incluso.

El brazo no le alcanzaba a la manija para abrir la puerta pero si llegó al paragüero. Con el paraguas más largo en la mano intentaba abrir la puerta. En vano, pues el ángulo le impedía tener la fuerza, y la vista para lograrlo. Disgustado y herido, Fran empezó a respirar llenando sus pulmones al máximo. Recuperó su apacible serenidad y con ella volvió a intentar abrir la puerta. Sudando por frente, manos, pecho, espalda y axilas, logró alcanzar la manija. Estando a medio abrir, volvió a sonar el móvil. Los nervios traicionaron a Fran resbalándose el paragüas entre sus manos sudorosas y ensangrentadas.

Perdió el control de sí mismo, Fran golpeaba la puerta de su casa cual minero buscando oro. Saltaban astillas y gotas de sangre. En un arrebato final, se dispuso a echar la puerta abajo con la embestida de su vida. Cogió carrerilla y se lanzó como un ariete policial contra la puerta.
Fran se desmoronó encima de la puerta derrumbada. Se quedo unos minutos en ella, contemplativo, calmado de nuevo. Que dulces aquellos segundos de plenitud, de comunión con el océano infinito de consciencia y…
El Caribe volvió a sonar Y FRAN se sobresaltó, pero la sensación fue más parecida a un salto al vacío.

—Si si hola hola, soy Fran, perdón por la tardía estoy teniendo algunos problemas domésticos y…— la voz del otro lado cortó las disculpas de Fran.

—Tranquilo Fran, tranquilo, soy Pablo, el secretario de la presidenta, verás espero que aún no hayas salido porque hoy tenemos que cerrar la empresa por unos daños en la infraestructura del edificio, así que no hará falta que vengas a trabajar en unos días, te avisaremos cuando todo vuelva a su sitio.

Fran tiró el teléfono móvil por la ventana. Terminó su café. Regresó a la cama.

Fran, prisas rutinas y estrés

UnaLaaargaNoche01

Este es un relato corto con la única intención de jugar un poco con personajes un poco complejos de llevar. Sobretodo respecto a mi amigo Wonder.
Disfrutadlo.

 

 

—Nunca pensé que esconder un cadáver fuera tan difícil— dijo Om mientras terminaba de liar un verde.

Wonder escribía en su pizarra. Om prendía fuego a un canuto liado con una hoja de tabaco seca. Musti miraba las musarañas afinando su guitarra imaginaria.

—Claro que lo es, por eso se suele quedar allí donde muere, incluso cuando lo asesinan —dijo Úma.

—Bebe -Dibujo Jarra de cerveza- al whisky Úma y verás que lo mejor es esconder la cabeza y las manos—leyó Om—. Nunca dejas de asombrarme con tu capacidad de…(calada) síntesis Wonder (expiración de humo).

—Vale Wonder tu cree lo que quieras, para ser mudo hablas por los codos.

Wonder escribió más rápido aun y enseñó la pizarra a todos: Leo + cada día para evitar pensar tonterías.

—Muy bien dicho Wonder. Esto se merece un verso.

Wonderlust, sin lengua hablas, con pizarra te expresas y ¡Nunca me canso de leer tus vivencias!

Pizarra: Muchas gracias Musti.

—Muy bueno Musti, toma fuma un poco.

Úma se preparó una jarra de cerveza del bidón y le echó un largo chorro de whisky. Tan largo como la noche que pretendían pasar los 4 amigos.

#2

—Shakespeare (eructo), a Shakespeare le habría caído bien.

—¿Hablas de nuestro amiguete, Úma? Ah, lo dices por esa hermosa escena de “ser o no ser, esa es la cuestión” hablándole a la calavera. Bueno tampoco está tan envejecido, sigue teniendo su piel.

—¿Os habéis fijado que ya no lo llamamos Bob? ¿Desde cuando perdió su nombre? Solo lo nombramos con apodos.

—Huesos.

—Sin respiro, abstemio al fin.

Pizarra de Wonder: El silencioso.

—Pronto empezaremos a llamarlo el apestoso.

—Si, llevamos aquí tres días sin salir y todo por decidir que hacemos con Bob.

—Y lo único que hacemos es beber y fumar.

—Bueno fumar solo tú Om, a nosotros mientras nos quede con lo que llenar los vasos.

—¿Bob vivía solo, no? Tres días en su garaje y nadie lo ha echado de menos.

—A lo mejor sus parroquianos se preguntan porqué no se abre la puerta para entrar a beber con él. Su bar clandestino es todo lo que tenía.

Pizarra: Y nosotros.

—Cierto Wonder, sus más indecente amigos.

—¿Recordáis sus últimas palabras antes de beberse el chupito ponzoñoso?

—Dijimos todos salud ¿No? —dijo Om, haciendo memoria.

–Los cuatro se quedaron en silencio unos minutos mirándose; recordando la noche de la arriesgada apuesta.–

—Queréis saber algo chicos, abrí el bar el día que el hijo puta de mi cuñado me dijo que jamás sería capaz de montar un negocio que funcionase. Me lo dijo en el funeral de mi mujer… ¿Como se puede ser tan imbécil? Debería haberlo matado.

Wonder puso su pizarra en la cara de Bob, con el dibujo de una pistola.

—Si Wonder no hace falta que me lo dibujes. Y así fue como me decidí a abrirlo. Vale lo hice en mi garaje, sin licencia ni horario fijo pero con buenos licores y fantástico ambiente. Además con una flamante máquina de dardos, ¿Qué más se puede pedir?

—Nada Bob, este bar es genial, degenerados como nosotros no tendríamos a donde ir. En ningún local nos dejarían jugar a nuestros jueguecitos— afirmó Úma.

—Dímelo a mi, la última vez que jugué perdí un dedo, menos mal que era el meñique, los otros los habría echado más de menos. Os dije que no me dejarais aceptar apuestas cuando estoy tan borracho.

Pasaban de las tres de la noche. Con mucho alcohol en vena, las conversaciones iban bajando escalones hacía el sótano del ser humano; más oscuro y retorcido con cada escalón.

—Os quiero plantear una cuestión.

—Adelante Om, súeltalo —dijo Musti, marcando un ritmo de percusión golpeando la mesa con los dedos.

—Oíd. En el adn está el proteger al infante. Cuando un humano adulto ve a un infante en peligro siente la necesidad de ayudarle, incluso sacrificarse por él. Lo que os quiero preguntar es si… ¿Seriáis capaces de matar a un niño?

El ritmo de Musti se ralentizó, mantenía un sonido constante, como una marcha fúnebre o una procesión de pascua.

Bob, con los ojos húmedos solo puedo decir que tenía que salir a tomar el aire. Se tomó un chupito y se fue al jardín a expulsar el mal de su hígado.

Om permanecía paciente observador esperando alguna respuesta.

—Yo desde luego no podría, ni que el infante en cuestión estuviera amenazando mi vida— respondió Musti, con los labios un poco temblorosos.

—Todos fuimos niños, si de adultos nos matamos ¿Qué importancia tiene hacerlo antes de llegar a esa edad? Yo si lo haría en caso de necesidad, y seguramente vosotros también aunque ahora lo neguéis —afirmaba contundente Úma.

Om iba a responderle cuando Wonder golpeó la mesa con su pizarra.

“Putos Europeístas ciegos de ‘dibujo de una mierda estilo pastel piramidal’. En China está aceptada la ‘dibujo de un ahorcado’ por robar y los niños cumplen la pena igual que los adultos. No sabéis nada.”

La cara de disgusto de Wonder y sus ojos más achinados de lo normal, perturbaba más el ambiente.
Wonder golpeó un par de veces más la mesa con la pizarra y se fue a fuera con Bob.

Úma se sacó una navaja de marinero y empezó a jugar con ella. Apostaba consigo mismo a que no se la clavaba en ningún dedo, teniendo la mano apoyada a la mesa con los dedos estirados.

—¿Y tú, Om?

—Yo… No me atrevo a afirmar nada. Soy muy temperamental, así que en la situación propicia puede que si estuviera dispuesto —se sujetaba la cabeza con ambas manos con los codos apoyados en la mesa y mirando al suelo—. Imagino que si un grupo de niños estuviera a punto de matar a mi hipotético hijo no podría frenar mi rabia y los atacaría sin preocuparme si los mato o no.

—Mira, así cumplirías con tu afirmación a la vez que respondes —contestó Musti.

—¡Ah, joder! —gritó Úma al rajarse un poco el dedo índice de su mano izquierda.

–Mientras tanto afuera del garaje/bar hablaban Bob y Wonder.–

—Wonder, ¿Tú tampoco pudiste más? —hablaba Bob arrodillado, con bilis y mocos en los labios.

Wonder negó con la cabeza y se sentó a su lado.

—Sé que siempre digo lo mismo, pero lo repetiré igualmente; he bebido demasiado, aun así seguro que me tomaré otra en un rato.

Wonder le pegó una bofetada; se le despegó todo lo que le colgaba de la boca. Con una piedra, Wonder escribió en la tierra: ámate.

Lágrimas de cocodrilo brotaron de los ojos de Bob irremediablemente.

—Wonder, la vida me a golpeado demasiado, tengo tantas heridas que no sé si el alcohol conseguirá desinfectarlas algún día. Ya sé que debería encontrar otro modo pero ¡Mírame! Desde que tengo 16 años que no acaba el día sin que me haya tomado por lo menos cinco cervezas. Ahora tengo un bar… ¿Como voy a huir de esto?

Wonder le paso el brazo por la espalda y le rascó la cabeza con los nudillos. Paró y se tocó el pecho con la palma de su mano derecha y usó la otra para señalar a Bob.

—Si wonder, gracias, ya me siento mejor… Entremos, empieza a refrescar.

Al entrar, Úma, Musti y Om estaban alrededor de la mesa con cinco chupitos preparado encima. La mesa estaba llena de alcohol, los vasos parecían pequeños islotes en un mar de vodka. Se miraban unos a otros como lo harían los vaqueros del oeste segundos antes de dispararse.

—¿Qué-qué pasa aquí? —preguntó Bob.

Después de unos segundos que se hicieron muy largos para Wonder y Bob, Musti contestó.

—Es un juego, el bebedor más rápido. Vamos sentaros y participad, el primer que se tome el trago, gana.

Se sentaron y se pusieron todos las manos a la espalda. Musti silvó agudamente a modo de disparo de salida y al momento todos se tomaron la bebida.

–Final del rememorado–

—La vida es una broma.

—Si y la cicuta la caída del telón. Pero Bob no era muy buen humorista, puede que quisiera actuar un poco más…

—Por lo menos deberíamos haber tenido la decencia de contarle de qué iba el juego.

—Debería escribirle un réquiem, Bob era un buen hombre después de todo y fuerte, no cualquiera habría aguantado todo lo que pasó sin colgarse.

—Tienes razón Musti; aún diría más, se merece un funeral como dios manda; es más, como Odín manda.

—Oye Úma creo que aquí ya te estás pasando, esa es la forma con la que quieres irte tú, pero no creo que…

Om paró de hablar al ver a Wonder registrar el almacén como un verdadero loco. Salió con dos botellas de absenta de 90º por abrir y con la expresión más decidida de la noche. Tumbó la mesa y

abrió una botella. Se la enchufó a la boca de Bob, que yacía tumbado en el suelo, donde antes era debajo de la mesa.

Todos excepto Musti, que se puso a escribir, quedaron parados mientras Wonder emborrachaba más al cadáver de Bob.

Cuando terminó con una botella se puso a arrastrar a Bob al jardín trasero. Úma y Om le ayudaron y Musti se quedó en el garaje escribiendo.

Wonder volvió al garaje a por la mesa y se la llevo a fuera, la puso del revés a modo de barco y con la ayuda de Úma, pusieron a Bob encima.

Impregnaron mesa y Bob con la otra botella de absenta.

Musti salió y se puso delante de Bob con un papel en la mano y empezó a recitar:

Tu luz se apagó,

pero nosotros te daremos la luz de tu fuego interior.

Que te sea de guía hasta el cielo y que al fin encuentres la paz,

el amor y el descanso que tanto te has ganado.

Vuela libre, Bob…

Wonder le prendió fuego y los cuatro se sentaron. Musti entonó cantos libres sin letra alguna para acompañar el momento.

El fuerte licor ardió con rapidez, elevando al gaseoso Bob…

Mamá y mi teatro

Relato a concurso.

—»La vida se compone de luces y sombras. Algo así como un teatro de sombras.

El juego consiste en saber qué ilumina y que oscurece; saber cuando hace falta sombras y cuando hace falta luz. Cada una tiene sus ventajas e inconvenientes.»

Me contaba mi mamá cuando ella tenía treinta y dos y yo ocho años. Siento mucho no haberle dicho nunca que no lo había entendido; se esforzaba tanto…

Jugaba con la lámpara y unos pañuelos de tejido negros para mostrar en imágenes sus palabras.

A veces incluso recitaba. Todo un espectáculo.

¿Sabes? Hoy lo entendí.

¿Me estas escuchando?— dije levantando la mirada de la barra a la camarera, que lanzaba el culito de la última botella de Vodka en su vaso.

Mamá y mi teatro