Snowpiercer, reseña

En español, rompenieves, es el nombre del tren (aunque no importa para nada) que salva a la humanidad. ¿De qué? pues es obvio que de sí misma. Como hace ya años viene siendo habitual, ya ni nos sorprende, el mayor enemigo de la humanidad y el muy probable culpable de su extinción es la propia especie. Da igual que estemos bajo control o fuera de él, en las dos versiones tendemos siempre a la sobre explotación, a la desmedida y eso nos lleva a crear dificultades que no teníamos, obstáculos violentos que creamos sin querer y evitamos afrontar hasta el último momento…
Esto es Snowpiercer, la humanidad cagando sobre cagada.
Para solucionar el problema de el cambio climático (agravado por nosotras), se usa algo que no nos cuentan porque no importa, que provocaba una bajada de la temperatura controlada con la que evitar el derretimiento total de los polos y con ello la gran inundación… al final, esa inundación es gélida, sólida y más asesina que en su forma líquida. Bien todo muere en la tierra por culpa de la gente y solo se salvan las personas que embarcan en un tren gigante construido por Wilford.


Todo esto ocurre en los primeros cinco minutos, así que se podría decir que es una obra que va al grano y no quiere detallar ni aburrir por un segundo.
Aquí viene mi primer problema con el film…
Veréis, con un argumento así, yo siento mucha emoción y una enorme curiosidad. Conocí ésta película a través de dos canales de youtube de cinéfilos, La filmoteca maldita y smokerwolf. El primero la compara con el hoyo y el segundo tarda pocos segundos a definirla como una buena película de acción con un mal final. Yo opino que se parece un poco al hoyo y es una acción raruna, pues parte de una idea demasiado seria para ser tratada por encima y aceleradamente como hace el género de acción.
Sufrí mucho por ello durante toda la obra por estar constantemente ofreciendo gilipolleces sin sentido alguno solo porque así tenías otra escena de acción renovada en interés por pasar en otro escenario y condiciones… Cosa que me aburre mayormente cuando yo quería profundizar en una humanidad que se vio obligada a refugiarse en un tren que si para, mueren, una metáfora por lo menos muy interesante… y aquí entra el quiz de todo esto.
La peli quiere entretenerte mientras comes palomitas y bebes coca-cola a pesar de la dureza de algunas escenas y ya al final hace algo horriblemente feo, comete el error del villano de James Bond contando toda la peli con porqués y lógicas de villano y tal y cual y el bueno pasa de haber perdido a ganar y decidir destino… ¡PERO! mágicamente, logran un buen resultado, o mejor dicho, un resultado que me satisface, quedándome el regusto de todo aquello que me desagradaba. En el fondo, sí encaja perfectamente con una gran metáfora hermosa de nuestra amada especie…
Y es por eso me encuentro reseñando la que creo es la primera peli de acción en pasar por este blog (fan de diálogos y escenas lentas), cosa que en general me parecería absurdo porque ¿qué vas a decir? ¿Que las coreografías estaban muy guais? Las explosiones realistas? los y las protas muy sexys? no me sale a mi hablar de eso, y mira que la fotografía me gustó bastante.
En definitiva, mi opinión final es que se trata de una peli de entretenimiento, generadora de dólares como principal objetivo pero a la vez querían que pensaras un poco… sin llegar a darle más vueltas. Vale mucho las dos horas que dura, y me encantó que parezca haber terminado a la hora y diez y quedarte con la cara de: Quedan cincuenta minutos y ya parece el final final…

Ficha técnica

Ah, casi lo olvido. Esta obra tiene un importante referente: La novela gráfica «Le Transperceneige» y hace unos meses hicieron una serie que podéis ver en el gran y magnífico netflix, nótese la ironía, aunque realmente no es muy criticable… lo hago por costumbre.

Abrazos y besos hermanas y hermanos humanos… ojalá nos salga solidaridad del corazón en lugar de más egoísmo si nos encontramos en una crisis de tal tamaño…

Nos leemos, familia.

Snowpiercer, reseña

Torokamu, la nieve y el tabaco

—Savage, eh Savage escucha. Vale da igual lo haré sin ti. —dijo Borja a través de la radio.

Borja apuntaba al tele-cabina que subía hacia la estación muy despacio. Solo hay un instante donde el ángulo de visión es suficiente para ver quien viaja en él. El señor Mugüen Torokamu, presidente de Torokamu Snows, la mejor estación d’esquí de Corea del sur.

Torokamu iba ha hacer un suculento trato con La Vall ski en las montañas de Ebro.

Que gran trabajo, pensó Borja, cuatro horas de oficina al día y de vez en cuanto un asesinato.

—Borja estáte atento, recuerda que va con dos guarda-espaldas armados, sabe que sus negocios de trastienda no son secretos para La Vall.

—Que locura, desde que solo hay nieve si consigues una Snow-tech que las estaciones son una verdadera mafia y menos mal, no tendríamos trabajo sino.

—Ya es bien verdad, mucho mejor que aquellos empleos mal pagados y peligrosos del gobierno. Vale vale lo tienes a diez segundos, apunta bien, una bala por cabeza y listo.

Borja miró al ángulo acordado, todo un tormento pues el sol le cubría por completo la mirilla. En el momento que el tele-cabina eclipsase tenía un instante para matar a los tres hombres.

En la cabina cuarenta segundos antes del disparo…

—Midori, pásame un cigarrillo.

—En seguida Sr. Torokamu — respondió Midori apresurándose a sacar su paquete de cigarrillos Pakyon—, tome.

Torokamu acercó la mano al cigarrillo y estalló; tres dedos y el cigarrillo al suelo bañándose en sangre. Los guardias empujaron a Mugüen al suelo absorbiendo mojando su cara en sangre. Tres tiros después los dos guardias se desangraban de la cabeza tirados al suelo de la cabina.

Con la solemne tranquilidad de un coreano el Sr. Torokamu se encendió el cigarrillo con la mano sana.

—Solo sabe a hierro, que desperdicio. Debería haber vendido la empresa y pasarme al mercado del tabaco. Ahora mismo podría estar grabando esto y hacer el mejor spot publicitario tabacalero de la historia de Corea…

En la colina desde donde disparaba Borja en ese mismo momento.

—Bien Borja, bien. ¿Están los tres muertos, no? Ya no los veo de pie al menos.

—Me temo que el Toro coreano sigue vivo, le di en la mano tan solo. Caen gotas de sangre del tele-cabina. Voy a probar de darle a través.

—Acaba con él ¡Ya!

Al llegar arriba.

—Sr. Torokamu…

Torokamu se encontraba muerto en el suelo con un cuchillo en el corazón. Aun tenía el cigarrillo ensangrentado en los labios humeante.

Que vergüenza salir vivo de que te intenten asesinar, debió pensar…

Torokamu, la nieve y el tabaco