La mosca detective

Despreocupado viajero, con todo el interés concentrado en un único objetivo,
dar otro paso.
Así podía seguir la aventura Beat.

Otro paso en el camino, otro testigo pasando de manos, cruzando países y océanos.

DÉJENLO TODO, NUEVAMENTE
LÁNCENSE A LOS CAMINOS

Bolañosos poemas rebelándose una vez más, rompiendo otra vez el bucle…
Esto es un relato tranquilo y relajado, un paseo por la montaña. Observando la naturaleza, adentrándose en ella conscientemente (pues siempre estamos en ella). Más correctas palabras serían alejarse de lo humano para acordarse de dónde estamos.

Lagartos y miles de hormigas llenan el suelo que piso. Desaparecen si no me paro a mirarlos.
Árboles que proyectan enormes sombras me protegen del calor solar.

Y ellas, las setas, pueden nacer tras la lluvia.
Están por todas partes. De muchas formas y tamaños.
Algunas se ofrecen como rica comida, otros se vengan de ser devoradas envenenando a su asesino.
Rojos, blancos y marrones, llenan de magia lo que suele parecer un poco más estéril.

SetasEverywhere

Otros pasos más me acercan a la cima,
los árboles se quedan atrás,
el aire se abre una vez más.

Recuerdo otra vez a Keruac, a pesar de haber aprendido la lección de Bolaño…
Al final las letras son mejores cuando en lugar de desesperación hay reflexión, calma, serenidad…
La cima es coronada, y ahora ya veo los lagos de agua viajera.

Después del invierno, el agua prefiere recuperar su forma líquida y reunirse más abajo,
ofrecerse a los peces,
evaporarse y llenar el cielo de nuevas nubes.

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Una mosca llenó su cuerpo de interés
por Arturo Belano.
Quiere investigarlo, quiere saber más,
descubrir sus misterio,
leer todas y cada una de sus tramas ocultas,
sus deseos retorcidamente escondidos.
Cada uno de sus literarios pasos…
La mosca detective absorbe las letras tintadas a papel,
zumba el resto de su vida por el aire de la literatura.

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Paseos por la montaña, con Keruac, Bolaño y la serena brisa montañosa, que renueva mis pulmones; preparándolos para más acción, para más presentes.

La mosca detective

El refugio del Dharma

Mochilas, bolsas de dormir, mate, bota, cerveza, vino y carne. Piernas, alegría, amigos, la montaña y el paraíso acostado en ella.

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Las estrellas y la luna iluminaban nuestros felices pasos acercándonos al refugio.

Un colorido camino, serpenteante, boscoso, lleno de piedras de miríadas tamaños. Monolitos construidos por nuestros antecesores montañeses adornaban (a la vez que ejercían su sentido, la mejoría de la “evolución” de las piedras) la ya muy bella montaña, el hermoso sendero.

Cruzamos un puente con un árbol caído en medio de él. La ilusión, la energía de la montaña y su maravilloso aire soplaba fuerte las velas de nuestro barco. Tan fuerte, que sólo parábamos a mear y beber agua; nunca más de dos minutos.

El tramo final era un claro, como la noche.

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Símbolo del Dharma (la rueda del Dharma)

La luz de las estrellas rebotaba en la nieve; nieve, que allí mismo empezábamos a pisar, nieve costra, resbaladiza, dura pero penetrable. Como escaladores, clavábamos el pie en ella.

Una sombra tapaba unos cuantos árboles. Nuestro destino, el refugio de Coma Obaga, ya estaba al alcance de nuestra vista.

Entramos los cuatro; Diego, nuestro asador, guía, portador de ánimo y alegría; Borja man, portador de hierbas de buen fumar, risas y energías para dar y tomar; Ro, la hermosa, quien daba equilibrio sexual al grupo, buena onda y más y más risas; y yo, humilde poeta llevador de vino, mate y rimas. ¡Maravillosa compañía!

A oscuras dejamos las cosas. Salimos al instante siguiente a admirar el cielo y el valle. ¡Qué hermosura!

Manjares para el alma apreciar todo aquello…

Tras llenar llenarnos de estrellas, luna y montaña, quisimos llenar la panza.

Cortamos troncos con una vieja pero afilada sierra. Recogimos ramas y juntamos papel, paquetes vacíos de tabaco y hojas secas.

Nuestro asador se puso manos al fuego, sabiendo que no iba a quemarse.

El fuego ardía bien, pero las brasas se hacían esperar. Así que, con el Indio nos pusimos a cantar (los redondos) y bailar. Reímos mucho. El vino y la cerveza bajaban rápido.

Un tenso momento fue aquel donde el fuego peligraba, amenazaba con extinguirse.

Entre soplos y cantos lo hicimos resurgir.

¡Arde fuego, arde!

Arde sin parar,

arde y hazte grande, arde, arde, arde.

Arde fuego arde,

arde y hazte grande,

¡Arde fuego arde y ásanos la carne!

Canción ritual improvisada

El fuego creció, calentando nuestros huesos.

Comimos fuet con pan. Cebollines, pepinillos y zanahoria en vinagre; con eso matábamos el hambre mientras nacían las brasas que nos iban ha asar la carne.

En ese momento yo, vuestro humilde escritor, se mareó. Exceso de mezcla… Todo se vuelve borroso…

Apenas podía andar. Me tumbé un rato. Sin mejora.

Salí y me senté a mirar el cielo. Ro me prestó unos prismas con los que vi los cráteres de la luna.

Eso me animó, sin llegar a reanimarme.

El estómago revuelto quería exprimir el veneno de sí.

Me aleje un poco y arrojé todo esa dañina bilis.

La barriga dejó de quejarse, y el mareo se calmó bastante.

A pesar de eso, no pude recuperarme del todo, no como para seguir despierto.

Abrí mi bolsa, me metí dentro y mañana será otro día.

Espectacular amanecer. Rosado, verde y amarillo contrastando con el azul claro y lindo del cielo…

Solo Borja y yo teníamos que ir al trabajo, en la estación de esquí. “Ordy-Arkalaska”. Compartimos un café soluble en agua fría y galletas. Respiramos un poco de aire fresco. Buscamos un lindo árbol (cada uno por su lado), donde plantar un pino, liberándonos de todo lastre.

Listos y con la mochila a cuestas, empezamos el descenso. Felices disfrutábamos de todo el entorno. Pasando por el lado del río, marcando piedras en el camino para los próximos que lo anden.

Construimos un monolito, como buenos caminantes.

Llegamos al coche, victoriosos.

Eran las 8.30, empezaba nuestra jornada laboral. Llegamos tarde, sí, pero poco o nada importaba, hicimos lo que queríamos hacer, elegimos la vida. Llegamos al trabajo, asumiendo encantados la responsabilidad.

Un día y una noche en el camino del Dharma, como vagabundos amantes de la vida, el andar, la montaña y el infinito firmamento.

(Historia real poetizada)

OmDuart-Eduard Balcells

El refugio del Dharma