El mar de consciencia

En esta ocasión me puse muy gráfico. Disfrutad de la imagen, a la que también debo estudiar para profundizar en la creatividad más allá de mi confortable campo de palabras.

RedFish

Embobado completamente. No oía ni el viento. No había viento. Mi abuela esperaba sus energías en el banquito verde y musgoso debajo de las moreras que le daban sombra. Pocos indecisos instantes no había ni luz ni sombras ni abuela, solo un niño embobado mirando los peces rojos de un estanque diminuto.

Peces rojos… Universos con aletas volando en un medio menos fresco. Una calma que persigue la cola. Un muchachito moreno de ojos abiertos. Nada de sueño, una vigilia permanente en la soledad de la contemplación. El mar en paz de consciencia plena. Metí mi mano en el agua. Abierta. Inquieta. Aceptando el frío.
Pasaron centenares de movimientos y ahora el niño es calvo y sigue soñando en una vigilia eterna. Observa una vez más a los peces rojos que ahora son los nietos. Peces neuronas los llama. Eléctricos. Cargados de ilusiones. ¡Creatividad!

El campo unificado por electrones rojos vibrantes que no se pescan, se atraen, se contemplan. Los alimentas como hacía mi abuela y yo mismo dando mi merienda. Poesía de estanque y transcendencia en la profundidad de nosotros mismos.

Se pesca sentado, con los ojos hacia adentro y sonriendo…

El mar de consciencia