Un día de furia 1993

¡Hola hola, lectoras!

Normalmente en mis reseñas destripo un poco la obra, pero con cariño, como romper un poco el envoltorio para que se aprecie ligeramente aquello de los que os hablo. Pues bien, con esta película tengo un problema porque me muero de ganas por empezar destripando salvajemente el final.

Duke nuken, digo, Día de furia

Pero me aguantaré.

Todo empieza con nuestro protagonista, un AMERICANO, hombre, blanco y sin más expresiones que las de un cubito de hielo angustiado por estar derritiéndose dentro de su coche que está atrapado en un terrible atasco.
Una mosca le recuerda lo insignificante que es y la de mierda que aún le queda por soportar. El hombre tiene la habilidad o la maldición de transmitir un mal rollo impresionante, una sensación escalofriante de que en cualquier momento va a matar a todo ser vivo presente. Con ese título parece que no pueda ocurrir otra cosa. Toda la trama ocurre en un solo día, lo cual siempre le da un ritmo acelerado incluso en los momentos más tranquilos. La banda sonora de todo el film es una delicia, mayormente un tecno suave que acompaña muy bien la atmósfera de estar todo a punto de estallar en una orgía de violencia sin parangón. Tan es así, que quien haya jugado a algún GTA (Grand Theft Auto) pensará que es un tributo a dicha saga. La verdad es que buena parte de la peli corre mostrando un prota que parece controlado por un jugador de dichos juegos… armas, violencia gratuita, locura, más violencia y todo ello en un mundo como el nuestro y en la cotidianidad de nuestras vidas.

SIN EMBARGO, y aquí viene la genialidad que me ha hecho amar mucho esta obra, lo que va a ocurrir o incluso quién es el protagonista se mantiene en una incógnita casi absoluta. Incluso cuando te dan entender lo que pasará, lo que sientes es que en algún momento u otro todo será una explosión de violencia, llamas y explosiones, como cualquier pelí de acción “yankee” más y… no… es más, se ríen de eso.

Y éste tío es el poli que se va a jubilar hoy:

Su último día de trabajo, como no podía ser de otra forma, se lo pasa queriendo resolver un último caso bien complejo e irse con todo el orgullo. La verdad es que en la peli se le trata como la trama secundaria para mantener la atención y el deseo de más bien alto, pero logran que sea bien interesante y una vez más procuran machacar un poco los clichés policíacos tan sobados ya en el 1993.

De alguna forma, se podría considerar un tributo modernizado de “Taxi driver”, lo cual ya es toda una hazaña. Pero sinceramente, a mi me gustó más ésta(“Taxi driver” la vi de jovenzuelo sin apenas culturilla cinéfila), principalmente por la necesidad que tengo de optimismo… pues acaba imposiblemente bien… y hace héroes a quien nunca siento que puedan serlo por sus circunstancias, u se ríen de clichés constantemente. Adoro que una obra se ría de los clichés… es una de las maneras más cómodas y agradables de ser originales y conseguirlo.

¿Qué le da esa madre a esa hija?

Irremediablemente regreso a la necesidad de contar el final… tan inesperadamente conseguido… y es que una película que aparenta ser una chorrada para pasar la tarde resulta tener mensaje, poso, moraleja. Incluso me atrevería a decir que es feminista cuando no da casi ni una señal de ello.
Para terminar quiero resaltar lo bello del personaje principal, donde su violencia es siempre elegante, sutil incluso, consigue transmitir rabia, fuerza, capacidad destructiva al máximo nivel, pero al final solo quiere cumplir su objetivo, llegar a tiempo al cumpleaños de su hija…
Otra BUENA historia sobre la relatividad de la bondad y la maldad, la psique humana, tan compleja, delicada, contradictoria…

Creerme, son dos horas de peli muy bien aprovechadas, sorprendentes, entretenidas, y para todos los públicos a partir quizá de los 14 años o así… tampoco sé muy bien como proteger a los niños en este mundo donde todo lo que se puede hacer, se hace… da igual leyes, justicias o morales.

Un día de furia 1993

Fran, prisas rutinas y estrés

Relato corto reescrito con la calidad literaria actualmente alcanzada (5 nov 2018).
Aprovechando la reescritura, decidí darle voz como ya acostumbro. Me envalentoné un poco, y le puse música e incluso efectos que yo mismo grabé y edité. Disfruten del experimento.

 

Fran salió de casa como hace siempre a las 9.30 de la mañana tras medio café. Hoy durmió cinco minutos más de lo que tiene previsto, por lo que tuvo que compensarlo tomando el café en cinco minutos en lugar de los diez asignados para dicha acción. Cuando cerró la puerta tras él sonó su teléfono móvil. Lo oía raro, como si estuviera lejos, cosa imposible porque siempre se guarda el teléfono en el bolsillo superior de su chaqueta. Alcanzó con su mano el bolsillo y sintió el horror de no tener su más básica herramienta. Alguna clase de mal le oprimió el estómago y éste los pulmones, provocando un instante de ahogo. Tras una violenta bocanada de aire Fran se dispuso a pensar.
La canción caribeña seguía sonando y Fran dedujo que venía de su casa. Se puso la mano al bolsillo izquierdo del pantalón para sacar las llaves que siempre dejaba allí. El corazón de Fran se aceleró como un tren de largas distancias al no sentir sus llaves en su sitio. La sangre de Fran circulaba tan rápido que toda su piel enrojeció. Unos leves tembleques le quitaron buen pulso a sus manos.
Examinando la situación, Fran vio el móvil y las llaves al lado de su media taza de café, a través del a ventana en la parte superior de la puerta.

¿El no terminar el café me descolocó? Se preguntaba, apretando con todas sus fuerzas la mano derecha. De un salto y un decidido puñetazo rompió el vidrio. El golpe le recreó un futuro próximo en la cabeza. Sintió recibir el puñetazo de su jefe en toda la cara por haber llegado tarde por primera vez en diez años. Algo imperdonable, inimaginable incluso.

El brazo no le alcanzaba a la manija para abrir la puerta pero si llegó al paragüero. Con el paraguas más largo en la mano intentaba abrir la puerta. En vano, pues el ángulo le impedía tener la fuerza, y la vista para lograrlo. Disgustado y herido, Fran empezó a respirar llenando sus pulmones al máximo. Recuperó su apacible serenidad y con ella volvió a intentar abrir la puerta. Sudando por frente, manos, pecho, espalda y axilas, logró alcanzar la manija. Estando a medio abrir, volvió a sonar el móvil. Los nervios traicionaron a Fran resbalándose el paragüas entre sus manos sudorosas y ensangrentadas.

Perdió el control de sí mismo, Fran golpeaba la puerta de su casa cual minero buscando oro. Saltaban astillas y gotas de sangre. En un arrebato final, se dispuso a echar la puerta abajo con la embestida de su vida. Cogió carrerilla y se lanzó como un ariete policial contra la puerta.
Fran se desmoronó encima de la puerta derrumbada. Se quedo unos minutos en ella, contemplativo, calmado de nuevo. Que dulces aquellos segundos de plenitud, de comunión con el océano infinito de consciencia y…
El Caribe volvió a sonar Y FRAN se sobresaltó, pero la sensación fue más parecida a un salto al vacío.

—Si si hola hola, soy Fran, perdón por la tardía estoy teniendo algunos problemas domésticos y…— la voz del otro lado cortó las disculpas de Fran.

—Tranquilo Fran, tranquilo, soy Pablo, el secretario de la presidenta, verás espero que aún no hayas salido porque hoy tenemos que cerrar la empresa por unos daños en la infraestructura del edificio, así que no hará falta que vengas a trabajar en unos días, te avisaremos cuando todo vuelva a su sitio.

Fran tiró el teléfono móvil por la ventana. Terminó su café. Regresó a la cama.

Fran, prisas rutinas y estrés