Rescaten al poeta

¡Rescaten al poeta!

Gritó el mismo, descorazonado, desde el agujero embarrado.
Nadie entendía su lengua, acostumbrada a voltear ríos de licores malos. O quizá fueran de aire, igual de tóxicos y mortales. Odas al poeta, nunca antes de su muerte, por eso se le deja ahí, en una proto-tumba embarrada.

A veces corre, otras muchas llora, grita, odia con toda el alma y sufre. Todo lo puede porque todo lo asume como un brutal machetazo en el pecho. Nada te destruye más fiero que un verdadero poema de verso libre después (y solo después) de sentir la métrica sacudirte las neuronas como fórmula matemática.

¿Y qué será de toda esa poesía desperdiciada en el olvido? Desde una niñez desesperada, verde, sangrando.

¡Rescaten al poeta! Gritó el mismo, descorazonado, desde el agujero embarrado.

Nada hay por salvar, no hay peligro de extinción. Un grito ahogado por el miedo a que la próxima vez que el corazón se rompa, no se pueda rearmar; pero siempre se puede, aunque quede asimétrico, desnivelado, mal cicatrizado.

Seguimos, seguimos, que aún no hemos alcanzado el horizonte y todavía estamos vivos, pudiendo decidir los errores que cometeremos…

Yo creo que suena, que vibra, la ilusión de triunfo al mirar hacia adentro y ver que hay sangre, tripas, hígados y demás amasijos de carne que las células, tan vivas, componen y hacen trabajar armoniosamente a pesar del veneno constante… Hermoso triunfo. Aquí tumbado, el una mugrienta acera, con menos de dos monedas en el sombrero y viendo pasar turistas y vendedores ambulantes. Salven al poeta, denle un sitio donde escribir y la recompens seráa en forma de comprensión de la existencia y todos los traumáticos episodios de tu vida. No le den alcohol, lo que necesita es un abrazo, un poco de pan y que le lleven unos kilómetros más cerca de su próximo objetivo en este viaje infinito.

¡Salud! Por la poesía y sus criaturitas perdidas obligadas a otros quehaceres más rentables para seguir con vida.

Rescaten al poeta