Chilmado de nuevo

Segunda parte, Chilmado sigue y persigue la vida.

 

El vagabundeo del lagarto sin Ca’l’ma era un tanto perturbador.

Chilmado corría veloz siguiendo siempre la luz del sol. Apenas comía.

Puede que no encuentre el amor de mi vida… Puede que no exista.

La memoria reptil no es muy larga y Chilmado brindó por ello.

Chimado olvidó su difunta mujer.

Sin Ka’l’ma, Chilmado se excitó, sin calma alguna el lagarto se animó a escalar más y más arriba de su casa, la pared amarilla. La pared gris, con manchas de amarillo desgastado por el sol y por la lluvia.

Los rayos de mediodía ayudaron a Chilmado a subir bien caliente al tejado.

Una vez arriba miró. Examinó su nuevo territorio.

Alguna mosca, arañas debajo de tejas, agujeros, acogedor.

En unos días tenía su agujero preferido, la barriga llena y el la sangre corría veloz. Tanto era así, que Chilmado sentía una gran excitación. Excitación que se alzó a las nubes al ver sobrevolar una Ágila por su tejado.

Ágila clavó su vista en Chilmado. Descendió tan veloz que nuestro lagarto no pudo hacer nada más que admirar a su cazadora.

Ágila agarró a Chilmado con cariño. Hacía un tiempo que le seguía la sombra, Ágila le gustaban los reptiloides.

Entre silbidos y lengüetazos los alegres animalillos se enamoraron al vuelo.

Que más bonito efecto, el corazón reptiliano latiendo tan rápido, tan… ágil.

Chágil, el lagarto. Pasó el resto de sus días recorriendo el mundo con ella, su más querida Ágila.

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Ágila y Chilmado

 

 

Chilmado de nuevo

Chilmado Paciente

Chilmado Paciente vive en una pared. Una pared amarilla cuya pintura se cae desde el año 1998. Casi gris con manchas amarillas. Chilmado Paciente le gusta su pared y su pareja.

Su pareja es Karma. Chilmado vino de Beijing para casarse con ella que vivía en Barcelona en el almacén del Bazar Chino más antiguo.

Él era un aventurero y ella una clásica. Él ‘eleaba’ y a ella le encantaba. Siempre iba con Ka’l’ma.

Se casó con Ka’l’ma, iba a pasear con Kalma y follaba con Kalma.

Chilmado Paciente se acostumbró a ir siempre con Kalma, lo que le afectó en el habla. Con Kaalma, con Kaaalmmaa.

La cola se le alargó con Kalma contenta a su lado.

Un coche y su remolque se le cruzó. Era el coche que recoge la basura en su remolque. No hace ruido cual asesino discreto; él es un coche eléctrico. Los dos tripulantes nunca elearon, ni se casaron, ni mucho menos conocieron a Karma.

El coche nunca frena, gira brusco sin mirar ni adelante ni atrás. El coche se llevó la cola y la Karma, salvando así a Chilmado, que puedo correr esquivando las ocho ruedas.

Corrió sin Kalma por la pared, su pared.

En las alturas de la pared había enganchada una farola que mucho brillaba. El calor del hogar, la estufa de leña del bueno de Chilmado, quien se reconfortaba en ella tras el accidente nocturno.

En ella giraban la cena, el almuerzo y el desayuno. Aladas que Chilmado observaba su trayectoria.

Karma le ralentizaba y nunca venía a cazar con él. Ahora, de nuevo soltero de oro, barriga llena.

Una mosca se engancha a la pared y trepa lentamente. Chilmado con agilidad y destreza serpentea hacia ella. A escasos centímetros salta y engulle. Que buena cena.

Chilmado Paciente ya no va con Kalma, vuelve a ser el reptil cazador de siempre.

Chilmado Paciente