Chilmado de nuevo

Segunda parte, Chilmado sigue y persigue la vida.

 

El vagabundeo del lagarto sin Ca’l’ma era un tanto perturbador.

Chilmado corría veloz siguiendo siempre la luz del sol. Apenas comía.

Puede que no encuentre el amor de mi vida… Puede que no exista.

La memoria reptil no es muy larga y Chilmado brindó por ello.

Chimado olvidó su difunta mujer.

Sin Ka’l’ma, Chilmado se excitó, sin calma alguna el lagarto se animó a escalar más y más arriba de su casa, la pared amarilla. La pared gris, con manchas de amarillo desgastado por el sol y por la lluvia.

Los rayos de mediodía ayudaron a Chilmado a subir bien caliente al tejado.

Una vez arriba miró. Examinó su nuevo territorio.

Alguna mosca, arañas debajo de tejas, agujeros, acogedor.

En unos días tenía su agujero preferido, la barriga llena y el la sangre corría veloz. Tanto era así, que Chilmado sentía una gran excitación. Excitación que se alzó a las nubes al ver sobrevolar una Ágila por su tejado.

Ágila clavó su vista en Chilmado. Descendió tan veloz que nuestro lagarto no pudo hacer nada más que admirar a su cazadora.

Ágila agarró a Chilmado con cariño. Hacía un tiempo que le seguía la sombra, Ágila le gustaban los reptiloides.

Entre silbidos y lengüetazos los alegres animalillos se enamoraron al vuelo.

Que más bonito efecto, el corazón reptiliano latiendo tan rápido, tan… ágil.

Chágil, el lagarto. Pasó el resto de sus días recorriendo el mundo con ella, su más querida Ágila.

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Ágila y Chilmado

 

 

Chilmado de nuevo