Sobre mi

Soy reacio a hablar sobre mí; uso seudónimo por eso, en parte .

La otra parte del porqué uso seudónimo:

El porqué de Omduart

Omduart es la necesidad de no potenciar el YO y de, a su vez, forjar un gran escritor. Omduart es un ego artificial con el objetivo de que sea YO, el ego humilde (valga la contradicción) quién controla a Omduart, el gigante hacedor de historias.

Omduart es la solución de un budista a su voluntad de ser. La comprensión de la contradicción. Darle fuego al deshidratado, inundar los pulmones del ahogado.

Omduart es la obertura del universo interior. Un bisturí que corta horizontal, lento y dejando que la sangre brote libre escribiendo en el papel.

Om= Sílaba más sagrada. El sonido del universo al crearse, el sonido más vibrante.

Duart= Sonido del llamar de mis amigos, ‘Duaaart’. La deformación de mi nombre, Eduard.

Quiero mezclar la filosofía, la espiritualidad, el arte y si puedo, hacerlo entrar todo con un deslizante y delirante humor.

Descubrí la meditación y desde entonces mi vida se abre en caminos de hermosas experiencias. Me quitó los miedos, me esclareció la mente y me hizo creyente de la mejor religión que hay: La felicidad como medio de vida, como estado de ánimo perpetuo.
Ahora creo en los milagros obrados en un conjunto. Mi trabajo, mi amor por la vida y la causalidad que en su profundidad no es más que la mezcla de las dos primeras menciones.

Primeros recuerdos

Las primeras estrella del cine que recuerdo son los hermanos Marx y Rowan Atkinson. Viendo sus desternillantes películas.

Lo primero que dibujé fue una espiral caótica de todos los colores a mi abasto.

El primer miedo es mi armario o más bien la anciana mujer que sentía ver allí dentro; y el rincón escondido de una puerta abierta, donde incluso soñé una vez que se trataba de una grieta por donde entrar a un mundo onírico.

Lo primero que recuerdo haber leído fueron los cómics de Astérix y obélix.

La primera vez que me alejé de casa fue: A los límites de mi pueblo, al campo. Al pueblo de al lado andando por veredas. A las montañas más altas y a su vez, más cercanas. Girando la cabeza a atrás veo que siempre he querido expandir mis horizontes de forma constante y segura. Pocas son las ocasiones donde me haya ido lejos saltándome el próximo diámetro trazado.

La primera vez que elegí una profesión fue la de astronauta. A los 9 años. La idea de alejarme de donde estaba y encontrar algo nuevo, completamente distinto a lo visto. Luego todo fue un seguido de profesiones rodeando el mundo de las artes hasta estamparme con la verdad de qué escritor era la mía, del niño, del adolescente, del joven, del adulto, del viejo… Una pieza uniforme que encaja constantemente.

Lo primero que recuerdo haber escrito fue un pequeño artículo de opinión sobre que prefería. Los piercings o tatuajes. Con 15 años. La primera vez que me dijeron que escribo bien, que me expreso bien. Recuerdo pasar un fino pensamiento de dedicarme a escribir. Quizás periodista, quizas tatuador. Duró hasta final de clase. Pero siempre quedó unas semillas.

La segunda fue con un micro-cuento de terror. Practicando para un examen de literatura. Aunque en esos tiempos estaba estudiando para poder unirme a un curso de gestión forestal. Aun no tenía claro mi ámbito natural. El mar donde nada un escritor es de mil colores y habitado de miles de raras criaturas. Tras entenderlo vi claro porqué no me convencía nada y a la vez me entusiasmaba todo.

Me guste o no, la primera impresión, a los 9 años, acerté de lleno. Astronauta. Ver la totalidad de mi entorno desde arriba y desde abajo. Llevar la curiosidad por delante. Perseguir hojas llevadas por el viento hasta donde él las suelte.

Esto es casi un striptease, espero haber excitado a más de una persona.

 

“Una estimadeta”