La conjura de los necios

Hay mucho tema del que se puede hablar partiendo de esta novela, yo mencionaré un poco lo que me pasó por la cabeza durante su lectura. Bienvenidos a mi reseña de La conjura de los necios de John Kennedy Toole y publicada en español por mi ahora segunda editorial favorita, Anagrama. La primera es la nueva editorial andorrana Trotalibros de la que os recomiendo encarecidamente os informéis, dará (y ya da) mucho que hablar.

Ignatius Reilly es nuestro protagonista. Un personaje que en la mente de un novelista «normal» sería ese secundario divertidamente odioso que sale a dar su momento de humor para soportar lo que es una novela demasiado trágica para el lector medio. Y claro, lo importante es comprar la novela y quedar con ganas de más… si duele demasiado quizá se quitan las ganas de leer y todo. Más aún en los tiempos que se publica, los años ochenta en un Estados unidos bastante puritano y horrorizable con facilidad. Pues en este caso, el señor Toole lo convierte en el centro de todo, cosa difícil porque Ignatius es vago, pero vago convencido filosóficamente. Él no quiere trabajar, sabe que no debe hacerlo, que será contraproducente para él y para la sociedad misma. Y tiene razón, como va demostrando en cada empleo que consigue milagrosamente y es despedido inevitablemente.

¿Cómo escribir una novela con un protagonista que tiende a no querer empujar la narración?

Bien ¿y de qué va? pues, sinceramente, en mi opinión esto ni siquiera es una comedia como se afirma a pesar de los varios momentos de humor hilarante que ocurren. Aunque disfruté bastante de esas escenas donde en poco tiempo se monta una buena y desternillante situación cómica, la verdad es que la narración tiene más intención de provocar un cierto odio, rabia, mal estar, repulsión y sobre todo crítica (¿Es proto-posthumor?). Mucha crítica de la bella Nueva Orleans setentera y algunas de sus figuras sociales más reseñables: empresarios, comunidad gay, comunidad afroamericana, estudiantes «revolucionarios» y filosofía estadounidense, muy reforzada por el anticomunismo. Todo ello se habla con mucha elegancia a través de unos buenos y bien definidos personajes sin olvidar en ningún momento las risas. Que como digo, no son lo primordial sino más bien el lubricante para colar y digerir la crítica.

Imagino que eso no es contar la historia… pero ya lo han hecho en mil y un blogs, booktubers y más y mejores críticos literarios que yo (¿podría ser yo un crítico literario? ¿necesito alguna acreditación para ello?).
Así sin complicarme mucho, Ignatius es un hombre gordo, idealista, puritano y con múltiples traumas que lo llevan a dedicarse a escribir en sus cuadernos gran jefe, a comer y masturbarse compulsivamente e ir al cine a ver películas que de entrada sabe que va a odiar (¿proto-hater?). Ignatius Reilly vive con su madre, Irene Reilly y ahora que lo pienso creo que no se menciona a su padre en ningún momento más allá de la viudedad de Irene… Si me equivoco me lo ponéis en comentarios, gracias. Debido a un accidente desafortunado, la familia Reilly acumula una gran deuda inabarcable con el poco dinero que recibe la señora Reilly. Por ello, Irene presiona sin descanso a su hijo para que encuentre un empleo con el que colaborar en la economía familiar. Esto es el desencadenante y excusa para una larga travesía por el estilo de vida de Nueva Orleans, sus paisajes y gentes, conflictos y avances, tugurios y comunidades.

Para hacer esta reseña, por algún motivo extraño, me he documentado mucho más de lo normal. Teniendo ahora problemas para que este texto no sea kilométrico con la de cosas interesantes de las que hablar… así que usaré el bello truco de un escritor brújula, dejarse llevar hasta encontrar el final intuitivamente descartando lo que sea y anteponiendo lo que sea.

Especulaciones entre Ignatius y John

Se ha especulado mucho y con razón sobre las similitudes de Ignatius y su creador. Pero como siempre, y eso lo afirmo con seguridad como escritor que soy, todo es ficción aunque se diga lo contrario. Pues Ignatius es necesariamente un personaje construido imprescindiblemente como el monstruo de Franquenstein. Un poco de pensamiento del autor, un aspecto físico mitad de mi me amigo del club de ajedrez, otra parte de el borracho amigo de mi abuelo, otro de un desconocido que me llamó la atención su gorro de caza en la calle un día de invierno… y la personalidad, veamos… el buen corazón que quisiera que tuviera cualquier persona, la locura que veo reflejada en los editores que no quieren publicarme, la furia de cualquier vengador social y el buen humor de un negro que ha logrado posicionarse bien en una sociedad que lo desprecia de serie menos cuando deja buena propina… ¡listo!
Las especulaciones por cosas así son puro chafarderío (del que yo también disfruto) y no debe servir para juzgar ni la obra ni su creadora, solo para divertirse como se hace hablando de fútbol, por ejemplo.

Adaptaciones

Este tema me flipa especialmente. ¡No hay adaptaciones al cine (demuéstrame que me equivoco, quiero ver eso)! Y solo he encontrado una adaptación al teatro del año 2002 dirigida por Ánxeles Cuña Sarabela.

Me parece curioso que durante toda la lectura me imaginaba muy claramente esas escenas. Quiero decir que es una novela muy visual y en el cine se podría hacer un gran trabajo. Pues mira, aquí leí que no es nada fácil: Adaptaciones al cine de La conjura. En resumidas cuentas, el artículo explica como aparece una maldición sobre aquellos que intentan adaptarla… muriendo los actores elegidos antes de empezar a trabajar. Además, los guionistas se asustan con los múltiples soliloquios de Ignatius y sus cartas.
Yo, personalmente y sin haber escrito (aún) un guion jamás, creo que no debería ser tan complicado… pero la verdad es que no se ha hecho todavía y ya tiene 40 años la novela… me flipa eso. Si algún director quiere asumir el reto, yo le ayudo con el guion (Qué bien me vendo, oiga).

Autores muertos y suicidas

Esto es lo más delicado y que más me apetecía aprovechar en la reseña para contar mi opinión…
John Toole se suicidó sin ver su novela publicada (después de muchos rechazos). Con una biografía bastante deprimente, se podría deducir que tenía lo que le quedaba de fe y esperanza en su propia existencia en el hecho de publicar la conjura de los necios… y rechazo tras rechazo lo dejó devastado hasta tomar su decisión…
Tengo la teoría (por llamarlo de algún modo) que las personas (en especial los creadores culturales) valemos más muertas que vivas… entre otros motivos porque no pueden reclamar dinero, ni defender sus ideas políticas ni religiosas, también se pueden usar para hablar en su nombre sin que ese cadáver pueda defenderse y no sé, fijo que hay más motivos… el caso es que son prácticas, los muertos son mucho más cómodos que los vivos. Ya no molestan (normalmente). Pues me jode mucho que John no tuviera más suerte y/o determinación y/o paciencia y/o medios… me jode que le dieran premios que no pudiera disfrutar, aunque ellos lo pudieran convertir en una persona menos agradable…
El caso que… ¿Qué pasa con eso? somos muchas plumas y hay que morirse para destacar un poco… Somos mucha peña… ¿se aplica la ley de económica de cuanto más hay de un producto menos vale? ains…

Leed la conjura de los necios. Es posible que esté sobrevalorada pero tiene mucho encanto, muchos motivos por los cuales ser leída. Es divertida, te hace pensar pero desde la amabilidad de una trama y unos buenísimos personajes y te obliga a odiar y amar a Ignatius, lo cual me parece difícil y maravilloso…

Un saludo y a pasarlo bien en esta entrada de año, a ver qué espectáculo estamos preparando para darle personalidad.

La conjura de los necios

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