La indignación religiosa

Un día pasó algún tipo de desequilibrio o nuevo equilibrio químico en mi cerebro y dejé de odiar el Cristianismo, y luego el Islamismo, y luego el Judaísmo, a pesar de todo aquel daño generado por dichas religiones.
Eso pasó gracias a conocer a Paco, hombre blanco, heterosexual, padre de dos hijos varones, gordo, beodo, fuerte, seguidor fanático del real madrid y católico apostólico romano. Me invitó una cerveza en su bar. No es que fuera propietario, pero nadie osaría afirmar que el bar Las tres liebres no es su bar. Ni siquiera el dueño, amigo de Paco desde hace más años de los que uno puede llevar la cuenta y seguir siendo el mismo. Paco me invitó una cerveza fría, mahou, sin copa, claro. El dueño y único camarero me la sirvió sin decir nada. Paco me dijo que me veía triste y que no puede haber un español triste en un bar sin estar bebiendo y conversando con otro paisano. Tomé unos tragos y hablamos. Me contó que hoy no fue a misa porque con la crisis siente la obligación de cuidar de Fermín, el dueño de las tres liebres. Así que aquí estamos, tomando por el bien de la economía española.
Os preguntaréis en que momento entra toda la historia religiosa… el caso es que Paco tenía calor y se quitó el chaleco y ese medio tatuaje en el cual aún no me había fijado se desenvolvió del todo. Legion Española. Y sin embargo, a pesar de las diferencias por nacimiento, ideología, lógica incluso, lenguas, culturas… yo no odiaba a Paco. Ese hombre que en otros tiempos podría haber considerado mi enemigo era claramente un compañero, un camarada apoyándome. Quizá lo que nos une podría ser más fuerte que todo ese rencor que, después de todo, no nos pertenece a nosotros sino a nuestros ancestros…
Quizá una España que fuera capaz de verse por completo… un país que se atreviera a ser facha, rojo, de izquierdas y derechas, verde, plurinacional y tan cargado de odio podría llegar a ser un país para todas, españolas unidas por el bien común (que no comunista) y por el amor a nuestros paisanos, a nuestra tierra que es nuestra mientras estamos vivos…
Las iglesias son corporaciones lúdicas al fin y al cabo y luchan para sí mismas, para su grandeza… nada puede evitar la corrupción, ni siquiera un sistema de creencias basadas en el amor y la solidaridad pueden resistir una jerarquía basada en acumular poder y riquezas…La mayoría de grandes iglesias, han traicionado su fe. Los creyentes deberían sentir indignación y reequilibrar la religión.

¿Por qué, entonces, siguen habiendo tantos creyentes que obeceden, protegen y cuidan de las iglesias entorno a sus dioses y creencias?

Paco me alegró el día, y me dio que pensar… que hermoso sería dejar de insultarnos y dividirnos y encontrar la forma de amar nuestras diferencias y enriquecernos con ellas.

La indignación religiosa

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