Las novelas río

Hola lectoras exploradoras, esta entrada es la segunda parte de Las novelas de relatos.

Quiero empezar agradeciendo a 921Kibu, por sugerirme una novela río, algo que yo pretendía reinventar (de ilusiones vivimos todos y a veces nos damos cuenta y la nube se disipa, cayendo del cielo y acariciando la tierra de nuevo). La novela que me recomendó y que ya estoy leyendo es: Centuria, de Giorgio Manganelli.
En ella nos presenta cien relatos de una página cada uno, aparentemente inconexos, pero a partir del tercer ya sientes que sí hay un hilo, aunque éste sea translúcido, se nota la presencia de un pez que está bajando un río, sintiendo el cambio del agua que siempre está en movimiento y por lo tanto nunca es el mismo río, cada instante ES y deja de ser lo que fue. Eso mismo llevo tiempo intentando plasmar sin reunir el valor suficiente como para empezar a armar una novela. Estoy muy feliz de leer Centuria, pues me está inspirando y ayudando mucho a comprender esa idea que me parece tan bella.

Si una cosa me empujó a ser escritor es el hecho de lograr emocionar como me ha pasado a mí mismo leyendo grandes libros, y lograr transmitir esas sensaciones tan poderosas. Una de esas que quiero provocar es el fluir, sentir esa sensación que te invade en esa tarde que pasaste haciendo algo sencillo, acompañado o solo, pero en una paz extraña, alejándote de ruido e incluso música, redes o cualquier otra distracción, y simplemente disfrutaste del momento en plenitud, sentiste el tiempo desaparecer y el sol iluminaba tu entorno como si fuera la primera vez y se tratara de pura fantasía mágica. Quizás estoy exagerando… Pero quien sepa a lo que me refiero entiende lo maravilloso de esos instantes, de esa emoción de paz gigante en el interior… De algún modo, eso lo puede provocar la literatura y en concreto las novelas río (y otras, sean como se presenten). Creo que se notará en la siguiente parte de Un universo compartiéndose la lectura de Centuria.

Hay algo místico (para mí subjetivo parecer) en ese fluir, esa forma de estar vivo que es casi por empírica necesidad algo temporal, efímero (que bonito escribir efímero sin forzarla); y algo que a su vez, tener las consciencia de ese momento de forma perdurable sería demasiado intenso, ahogaría la cordura y serías como una de esas criaturas que andan por el planeta esperando que todo termine, tan alejadas de los demás que solo pueden disfrutar de ellas mismas… Eso no debe ser tan horrible, leí un artículo que hablaba de la felicidad incomprensible de los locos, y termina afirmando que los cuerdos les tenemos envidia por ser felices sin necesitar nada más que su locura… Quién sabe, por qué no.

Quiero terminar este extraño artículo recomendado la lectura del blog de 921Kibu . Original y con algo muy especial en esos tiempos, sin pretensión, te dice lo que quiere decir, no está vendiendo nada; eso es hermoso en sí mismo.

Abrazos y letras.

Las novelas río

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