Violines horripilantes

Texto automático 22

Calentando dedos y leyendo mucho. No sé, porqué. No hay más días. Sueños, pulmones limpios. El profesor terminó la lección y su estudiante, dientes perdidos, pintando el suelo de rojo oscuro, sucio. No aprendió nada. La violencia le gusta, es su herramienta, su amiga, incluso cuando le rompe la cara.

Cara-ratón. Números tatuados y mucho hip-hop. Bebidos a todas horas, luz baja y nada de drogas sólidas. Está bien, el pegamento; es lo que nos mantiene unidos, ni el amor ni el dinero ni el camello.

Perdidos, perdidos, perdidos, perdidos, perdidos… Escritos sin trucos. Ella, ese rayo de luz que no raya en la mesa. Nos es blanca, ni cortada, es pura y extraña.

Me excita, y parece que no mienta… Parece la primera vez; puede que lo sea. Y estoy triste.

Una pantalla tapada en un trapo de limpiar ventanas no muestra el tele-noticias. Gracias, gracias ¡Joder!

Estaba loco, entraron en la consulta, y aquel psicólogo era el sabio joven negro estudiante que habían despedido, quien destrozó la vida del racista, del supremacista y todas las reglas sagradas de su vida y también quién se folló a su hija y provocó que pegara a su mujer.

Vida, cotidiana. Esto no es pop. El automatismo volvió, pero sigue sin ser tan bonito como cuando Dalí pintaba con su pipí.

Quiero ser yo mismo aunque sea cinco mismos, si no soy violento ¿no es suficiente? ¡Déjame! Dame tu dinero. Soy casi libre, casi hombre, casi budista y casi, pero casi casi, por muy poco, una persona completamente sana…

Suenan unos violines tan horripilantes. Muy violento… Pero sabe y promete ser pacífico, no pacifista.

Yo soy otra cosa… Esto es demasiado. Y no hay árboles. Esto está muy oscuro y me cuesta dar las gracias… Soy un tipo alegre e inteligente. Quiero ir al norte opulento, donde engañarse es deporte, ser rico normal y tener el corazón de hielo lo más común… Piensa lo que quieras. Yo no puedo mirar a otro lado pues el dolor lo llevo dentro, aunque no sea “mi” dolor.

¡Sí! Lo siento todo, vete a la mierda. No puedes comprender que és ese fuego innato.

Luego sigue en tus cigarros. Tus venenos ocasionales y buenas acciones. Tus discursos de mierda y tu cara de buena persona.

Todo sigue igual que siempre. Bien, cuerdas en todas direcciones y personas en ca extremo, tirando. Algunos obedecen, otros deciden y otros duermen. Algunos están muertos con las manos cosidas en la cuerda. Mientras las cuerdas vayan por todos lados todo seguirá en movimiento y cambio. Hacia ningún lado… Evolucionando. Buscando la paz y el entendimiento en el dolor; como siempre.

Violines horripilantes

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